miércoles, 9 de abril de 2008

Jeff Beal y su acordeón...

Es totalmente irrelevante indagar en la biografía del compositor californiano. La aristotélica sensación de que nada va a sobrar en lo que estás leyendo no hace sino reforzar el sentimiento que el autor desprende con su música. Siendo sincero, yo no me muevo en circulos jazzeros y mi cultura musical se aleja de lo ideal. Tampoco soy un erudito en musica clásica ni una enciclopedia andante que recuerde nombres y apellidos de todo aquello que alguna vez me gustó. Pero no importa y eso es lo que hace grande al creador (con minúscula). Vaga la introducción, y circular, porque la vara de Jeff Beal ha tocado un gran número de palos. La conclusión es simple, yo llegue a él sin darme cuenta. Cuando uno se percata de que los banjos carnavalescos que pintan la post-depresión sureña en Carnivàle nacen de la misma mano que las cítaras romanas que introducen la muerte de Julio Cesar en la espectacular Roma uno no se sorprende, sino que descubre que realmente Bruce Willis estaba muerto. Y eso es lo especial.

Cuando hablaba de lo fácil que es entender su biografía me estaba refiriendo a un chaval de primaria que trabaja de repartidor de periódicos antes de ir a clase para poder comprarse una trompeta. Y espero que el espíritu FOX no nos lleve a pensar en un niño huérfano porque vivió felizmente con sus padres, ambos grandes aficionados a la música (tópico) y una abuela bohemia curtida en los locales jazzeros de la América pre depresiva. Que bonito, pero realmente me la suda porque el resultado hubiese sido el mismo, excepto por lo de su abuela, si su padre hubiese sido un vegetal. Intento decir que su música nace del esfuerzo y de la más pura melomanía trabajada, además de un talento que me niego a atribuir a sus progenitores.

El resultado de esta deliciosa melomanía es la comprensión instantánea del espíritu con el que se le pide trabajar. Pero cuando te dicen "haz la banda sonora para una serie circense" la profundidad que alcanzas depende de tu sensibilidad artística y de tus conocimientos musicales más instintivos, y Jeff Beal va sobrado. Se que hablo como si le conociese y puedo parecer estúpido, pero las cuerdas que suenan en las composiciones del trompetista, compositor, productor, improvisador californiano han puesto la nota a muchos momentos de mi día a día más reciente y eso es lo que diferencia el arte de la basura más casposa. Roma nos gustó, pero no sabíamos que detras estaba Orfeo, o sí...

1 comentario:

Raquel dijo...

hooouu!! Postazo!!

Jeff Beal es muy grande si señor. Es imposible ver Carnivale y no recordar su musica.

Y creo recordar que eras tu el que me remarcaba todo el tiempo la genialidad de los toques folcloricos sureños..el banjo...el violín desgarrado... Sin duda, se lo merecía. Se merecia esta entrada de hoy. :)