sábado, 13 de junio de 2009

La ciudad de la infancia perdida.

Quiero escribir y no tengo tiempo ni ganas de elegías.

Que Jeunet a día de hoy es uno de los niños mimados por los niños mimados de la europa más intelectualeta es evidente, al igual que a día de ayer lo fue por la burguesía retroliberal que funcionaba como bioindicador de la cultura.

Ayer volví a ver "La ciudad de los niños perdidos".

Si algo he aprendido de la literatura decadente es que la perversión argumental es un pilar básico para la creación artística. Si algo me han enseñado los Dandys europeos de la Europa finisecular es que esas perversiones no son meras menciones pretextuales sino un arduo trabajo de construcción semántico-espiritual donde la sugestión no es baladí sino que se apoya en un campo referencial mayor incluso que el de la referencia explícita.

Si en una película colocas a una niña de 10 años disfrazada de mujer fatal tienes dos opciones: Crear un argumento tan sólido para justificarlo, tan sólido que incluso hay quien pone en duda que Nabokov llegase a lograrlo con Lolita, que te permita que tu transgresión adquiera un valor fundamental para el mensaje final de tu película; o ser uno de los grandes capullos de la historia del cine contemporáneo.

(No pongo imágenes. Me niego)