En la cinta, se recogen aspectos de una extraordinaria cotidianidad que nos acercan al sentir humano como, personalmente, nadie jamás en la historia del mundo audiovisual lo había conseguido. Es impactante para alguien relativamente frío como yo, que en efecto tengo momentos de sensibilidad extrema, pero que pocas veces se reflejan en mis ojos, contemplar como unas imágenes que bailan al son de este grupo de amigos son capaces de brotar mis lágrimas una y ota vez como si mi alma se purgase de todo aquello que me oscurece. Y más curiososo para mí es tener tan clara esta sensación que no esté dudando lo más minimo al escribirlo. La discografía de Sigur Rós es la biblia atea que muchos hemos necesitado en este tiempo. Un refugio espiritual ajeno a cualquier ideología más que la búsqueda más primaria del sentir. Para quien no conozca la música de los islandeses que no tenga meido en ver Heima, pues no tiene nada que ver a ir a un concierto sin conocerte las canciones. Los cortes de esta obra de arte no son canciones, no son videoclips, algunas de ellas ni tienen letras que saberse, solo fonemas en islandés que sentir.
Por eso quería darles las gracias. Takk, Sigur Rós por hacerme retroceder a cuando volaba cometas. A cuando era capaz de no interpretar, a cuando miraba las cosas por primera vez aunque realmente no fuese nada nuevo. Gracias por todo eso, y más gracias aún por hacerlo sin hacerme olvidar la tristeza que siento por aquello que estamos perdiendo.

1 comentario:
fffff
no soy capaz de volver a leerlo. Gracias a Sigur Ros por existir, y gracias a ti por escribir esto. :)
Publicar un comentario